Homenaje a Luis Carlos Figueroa: “Retratos de un compositor”

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Reseña sobre el tributo que celebró la música del compositor colombiano Luis Carlos Figueroa. El evento se realizó en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.

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Hace veinte años que la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá ofrece los ya célebres conciertos monográficos denominados Retratos de un compositor dentro de su programación anual. Estos espacios han servido de ventana invaluable para divulgar un fragmento representativo de la obra camerística de compositores colombianos de corte académico, y —en conjunción con la producción discográfica que suele acompañar a estos conciertos— en muchos casos han servido también como merecido homenaje a su vida y obra. Este año el turno fue para el compositor caleño Luis Carlos Figueroa, quien a sus 95 años tuvo la dichosa oportunidad de presenciar el concierto monográfico que en su honor se ofreció en la Sala de Conciertos.

Luego de un leve retraso ocasionado por el habitual caos citadino de la capital, los asistentes al concierto nos embarcamos en poco más de hora y media de una selección de obras para formato de cámara de Figueroa que buscaba retratar de la manera más amplia posible diversos momentos y estilos de su larga y prolífica producción musical. Debido precisamente a la idea central de estos conciertos de abarcar diferentes facetas y sonoridades de la obra de un compositor, esa noche tuvimos la oportunidad de escuchar una variedad de formatos trabajados por Figueroa. Así, la remembranza sonora de su producción se inició con una petite suite para guitarra sola y continuó con una serie de obras para duetos de guitarra y flauta, piano y oboe, piano y violín, y piano y voz, culminando con el infaltable cuarteto de cuerdas.

A pesar de la variedad de formatos, y por tanto de colores, de timbres, y de artistas en escena, y a pesar también de que las obras seleccionadas buscaban ser representativas de diferentes momentos de la prolífica vida artística de Figueroa —su temprana inspiración en su ciudad natal, su aventurera maduración parisina a mediados del siglo pasado, y su posterior regreso a tierras colombianas—, el aura general del concierto pareció ser una sola, la de una delicada celebración con visos permanentes de nostalgia. Es probable que la ocasión misma, con la eminente presencia del compositor entre los asistentes, hubiera podido inspirar esta sensación. Era un homenaje, claro, que de alguna manera servía para poner de presente el legado artístico de Figueroa en la magna palestra de la célebre sala; en el pequeño olimpo del universo sonoro académico colombiano. Pero no era solo aquello.

En el recorrido por los mundos sonoros de Figueroa interpretados aquella noche se advertía también una suerte de cristalización de su obra, la que solo ocurre cuando una obra pasa a entenderse y a sentirse como de un tiempo verdaderamente pasado, aunque vigente. Más que música académica contemporánea, la obra de Figueroa la podía empezar a entender como música académica clásica colombiana. Dentro del lento albor de la que podríamos entender como producción musical académica propiamente colombiana, las primeras manifestaciones célebres fueron todas signadas por la influencia francesa de la primera mitad del siglo XX. La música de Figueroa no es la excepción, y se encumbra como una de las más exquisitas manifestaciones de aquella primera oleada de creación, digamos, franco-colombiana.

Enmarcado en esta tendencia estética y técnica, el de Figueroa es un lenguaje musical prístino, de fluidez y claridad enormes. Más allá de la evolución natural de su actividad creativa y de los periodos estilísticos que se podrían advertir en su producción, en su música se siente siempre una esencia de expresión simple, de fino lirismo, y de recogimiento. El suyo es un lenguaje que en la escucha invita a la introspección, incluso en los momentos más progresistas y expansivos de su sonata para violín y piano, o en excursiones juguetonas como la que escuchamos en Barcarola para flauta y guitarra o Ronda para oboe y piano. El recogimiento y la claridad permean su música: navegan en sus melodías, se materializan en danzantes acompañamientos, y se expresan apacibles en sus colores y armonías postimpresionistas.

Así, dentro de la amplia gama de formatos y estilos escuchados, pareció prevalecer aquella noche esa fina factura de la música de Figueroa, con su espíritu de lirismo y recogimiento, que apuntaló apaciblemente el merecido homenaje a su vida y a su obra que algunos tuvimos la fortuna de presenciar, llenos de emoción, aquella noche en la Luis Ángel.

* Maestro en Música con énfasis en guitarra clásica de la Pontificia Universidad Javeriana. Egresado de la Maestría en teoría y composición de Temple University, Filadelfia, Estados Unidos y de la Maestría y Doctorado en Musicología de la Universidad de Princeton, Princeton, Estados Unidos.

Cortesía: elespectador.com
Foto tomada de: https://goo.gl/hLEhRj